“Te llamo desde un muro”
Oye, hermano, te llamo desde un muro;
clavado entre unas piedras
donde las sombras hacen su nidada.
Hablo desde la pena.
Entre los huesos mismos del dolor te llamo.
Mi voz, como esas hierbas
que en la ranura de una roca crecen,
se ha mantenido pura!
no escupió a su bandera,
ni doblegó sus hombros,
ni ha mentido canciones,
ni se pasó al oscuro.
Veinte veces cruzó la primavera,
y mis alas a un cepo atrapadas,
y el ardor de mi sangre entre cadenas.
¡ Pero hoy mi voz -sin llanto- te reclama!
mi lengua es una herida que flamea,
como un pájaro ardiendo en tu ventana.
Ni un día más, amigo. No consientas
este tropel de muros obcecados;
tanta luz sin salida, tanta puerta
cerrada ante mis ojos.
Mi corazón te espera,
aguarda tu palábra y en los muros,
como un río apresado, se golpéa.






Entre tanto agobio y tanta veloidad que llevamos al dia, siempre es agradable parar un minutito para leer cosas como esta.Un beso
Hola Lhuna, pues no te agobies que con estas temperaturas es casi como estar en el infierno, je. Besos y buen día.
Gracias por hacerse eco de este gran poeta.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88237
Sí, gracias por dar a conocer a este poeta de la lucha y la esperanza. Darán premios a muchos que no lo merecen, pero el premio más grande para ti, Marcos, es nuestra admiración y el cariño, de todos nosotros, de todos los que creemos que luchar merece la pena porque nos hace dignos. Gracias poeta por tu resistencia y por tu dignidad.
Por interesante y por ser sus propias palabras lo pego aquí copiado de su web, Gracias por este rincón y saludos.
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“Tengo la friolera de 87 años, aunque, como digo siempre, esos son años de edad. De vida tengo 64, que son los que quedan al restar los 23 que pasé en la cárcel. Entré con 19 años en mayo del año 1939 y salí en el año 1962 con 42. Soy la persona que más tiempo seguido ha pasado en las cárceles franquistas.
Yo procedo de una familia muy humilde. Mis padres eran campesinos sin tierra y analfabetos. Cuando tenía seis años, nos trasladamos a Madrid y nos afincamos en Alcalá de Henares. Allí viví mi adolescencia y mi juventud hasta que comenzó la guerra. No pude ir al colegio, ya que mi familia no tenía recursos y enseguida me tuve que poner a trabajar. O sea, que yo estudié prácticamente las cuatro reglas, como se decía entonces. Mis padres no pertenecían a ningún partido. Eran profundamente católicos. Eran tan sumisos que cuando pasaba el amo hacían la señal de la cruz, como si se tratara de un representante de Dios en la tierra. Por ese motivo yo en mi infancia era católico y, en mi adolescencia, más de una vez me sangraron las rodillas de hacer penitencia en las iglesias. Un día, sería el año 35, con quince años, asistí con un grupo de jóvenes católicos a un mitin de las Juventudes Socialistas en Alcalá para repartir nuestra propaganda. Me quedé escuchando lo que decía el orador y me di cuenta de que aquel hombre estaba hablando de mí, de mi casa y de mis problemas. Me empecé a interesar por lo que aquella gente decía. Pasé por un proceso de transición muy difícil. En esta época, a lo mejor durante el día estaba vendiendo los periódicos de las Juventudes Socialistas pero después no me acostaba sin hacer mis oraciones. Acabé afiliándome y, durante la guerra, me pasé al Partido Comunista. Todavía continúo defendiendo las mismas ideas. Hemos cometido muchos errores, sin embargo mi corazón sigue en el mismo sitio.”
Continua aquí: http://www.marcos-ana.com/?page_id=2
Gracias a vosotras por vuestra aportación y comentarios. Saludos.