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Javier Cortijo: “Bastante que ver con la muerte”

ABC

Una ensalada de hachazos crudos y terribles, con el sonido del acero podrido penetrando en la carne tierna de unos cuantos niños, asestados por la criatura más vil y repugnante que el cine ha mostrado en mucho tiempo. En la otra esquina, un batallón de policías acribillando en mitad de una calle desnuda a un autobús conducido por un terco antihéroe cuya inquina es su mejor chaleco antibalas. Podrían servir cien o mil más, pero quedémonos con este par de fogonazos en su filmografía (correspondientes a «El intercambio» y «Ruta suicida», filmes separados por treinta años y un día) para comprobar que, si la Dama de la Guadaña fuese bailarina, Clint Eastwood le apretaría un buen tango. Y es que pocos han tuteado a la muerte con tanta valentía y mirándola a las cuencas de los ojos como él.

Nada raro en alguien que llegó a declarar que «no hay nada malo por disparar armas de fuego siempre que se dispare a la gente indicada», que nació en una de las etapas históricas con más suicidas por metro cuadrado (la Gran Depresión) y que debió ganarse la vida rascando en las paredes agujereadas por la Segunda Guerra Mundial. Seguramente la miseria y la soledad que descubrió en aquellos años, mientras se buscaba la vida trabajando como albañil, bombero forestal, limpiapiscinas, metalúrgico, leñador e innumerables curros y «ñapas» más, forjó su carácter tallado en academias militares, y fue impregnando su posterior estilo como actor y cineasta.

El poncho a él sí le favoreció

1964 fue un año importante para Eastwood y para la historia del cine: James Coburn le dijo a Sergio Leone que el poncho no le favorecía (esto es una licencia, ya que la mítica prenda se la acabaría comprando de su bolsillo el propio Clint) y, de rebote, Eastwood, tras algunos éxitos en TV, tendría su gran oportunidad rodando en Almería la «trilogía del dólar»: «Por un puñado de dólares», «La muerte tenía un precio» y «El bueno, el feo y el malo».

Tres películas y tres millones de maneras de morir en las que Eastwood renovó el código de honor del western clásico y dotó de credibilidad a una etapa histórica donde no es muy difícil imaginar que el salvajismo y la brutalidad le ganaban terreno a la camaradería heroica, los duelos coreografiados, los arquetipos pueblerinos o los entrañables borrachines con la cara de Walter Brennan. No es de extrañar que John Wayne empezase a tener entre ceja a ceja a aquel novato zangolotino.

Otra fecha capital para Eastwood en general y su tratamiento de la muerte en particular es 1971. En ese año debuta como director con «Escalofrío en la noche», retrato de una obsesión que remata con un tabú intocable para la época: liquidar a un policía. Aunque el «highlight» de la temporada llega de la mano de uno de los iconos del cine hiperviolento, vengador y justiciero: Harry Callahan. Allí, como en el chiste de Gila, Eastwood se aprovecha de la situación y va dejando un reguero de «fiambres». Como nadie dice ni pío…

La necrofilmografía crece

Entre medias de «Harry el sucio», «Harry el fuerte» y «Harry el ejecutor», la necro-filmografía de Clint sigue cobrándose víctimas y muescas con nombres tan explícitos como «Licencia para matar», «Sin miedo a la muerte», «La venganza del muerto» (que así es conocida en algunos países «Infierno de cobardes»). Tras títulos tan tristes como estos, y «Firefox» (1982), y personajes como Bronco Bill o Philo Beddoe (sí, el del amigo orangután), algunos pensaron que Eastwood empezaba a ser casi un muerto viviente. Hasta que les tapó la boca con el mayor puñado de obras maestras de finales de siglo XX.

Películas donde, cómo no, la muerte también tenía un precio, y casi tan elevado como un salpicón de percebes y angulas en Nochebuena. Una muerte disfrazada de ajuste de cuentas épico («Sin perdón»), de jornada profesional («Deuda de sangre» o «En la línea de fuego») o de duelo desigual («Cazador blanco, corazón negro»), y que también fallecería en aquel río fúnebre, poliédrico y amargo de «Mystic River».

Dolor. compasión, redención

Punto y aparte merece «Million Dollar Baby», donde la filosofía del dolor, la compasión y la redención del cineasta de San Francisco llegan a un punto de no retorno. Pocas veces Eastwood ha dado tantas pistas sobre asuntos del «más allá», y del «más acá» como en esta desgarradora y devastadora cinta, cuyas lecturas no se agotan por más que pasen los años y las revisiones.

El díptico sobre Iwo Jima y su último trabajo como director y actor, «Gran Torino», no hacen más que subrayar este surco maestro dentro de la carrera de uno de los cineastas más vivos y vitales de la actualidad. Quizá sólo Amenábar ha mostrado tanta preocupación por el tema mortuorio en los últimos años, salvando las distancias generacionales y creativas. Pero esto es tan sólo una opinión, y ya se sabe lo que dijo el propio Eastwood sobre las opiniones: «Son como los culos, todo el mundo tiene una».

Palabra de Clint.


9 Respuestas a “Javier Cortijo: “Bastante que ver con la muerte””


  1. 1 Moore
    Enero 8, 2009 a las 1:38 pm

    Clint Eastwood es posiblemente el director vivo más importante ahora mismo. Opinión que puede ser rebatida, por supuesto, pero sus últimas obras dejan constancia de ello. Interesante y completo texto.

  2. Enero 13, 2009 a las 4:00 pm

    Hey Max, que no había visto el texto. Gracias por darle cancha, amigo. Y gracias a Moore por el comentario, claro.
    Todo un éxito el DVD de Million Dollar Baby que regaló ABC este domingo. Y el que viene, Amélie. Saludos cinéfilos.

  3. 3 Anónimo
    Febrero 28, 2009 a las 10:35 am

    En primer lugar, felicidades por el artículo. Pero de todas formas,no me parece justo sesgar una filmografía con escalpelo ideológico y criticar a un autor en función de sus opiniones personales. Además, por desgracia, creo que hablar de Eastwood y olvidarnos de Bird , es desconocer su obra. Quizás sea hoy el último superviviente de una forma honesta de hacer cine, alejado de los clichés pseudointelectuales y moralistas que abundan en nuestro cine patrio y en Europa. Eastwood, representa el cine, es el cine ontológico que muestra un mensaje claro, interactivo entre espectador y ciniesta y que no se preocupa de inculcar cuentos morales o sentimientos que levanten conciencias. Eso debe de hacerlo cada uno de nosotros en función de nuestra interpretación de la realidad. Cree en la inteligencia del espectador y eso, en estos tiempos difíciles para los que amamos el cine, debe agradecerse. Además una obra tan vasta, tan extensa, se encuentra afortunadamente por encima de opiniones, modas y modismos. Alegrémonos de que esté vivo y disfrutemos de su cine. Es leyenda y como tal no debe ser objeto de juicio. Que lo hagan las generaciones venideras. Vivamos sólo de su cine Nada más.

  4. 4 molokai
    Febrero 28, 2009 a las 6:09 pm

    No me hablas de la película solo una disección discutible de su obra y su leave motiv vital, ya que hablas de muerte donde esta el aventurero de medianoche y el fuera de la ley. Gran Torino es una enésima muestra mas de un conservador que ha dedicado estos últimos años a criticar el conservadurismo desde dentro y en concreto a exorzizar la figura de Harry Callahan(El sargento de hierro, Cazador blanco corazón negro). Hablar de la obra de un director sin entenderla con todo el respeto, me parece de chiste.

  5. Marzo 2, 2009 a las 11:22 am

    Buenas. Gracias por los nuevos comentarios y por el interés que está suscitando el artículo. Más que sesgo prefiero hablar de centrarme en uno de los múltiples temas de la filmografía de Eastwood, pues la idea era que cada redactor se ocupase de uno para la promoción de ABC. Por supuesto que se me quedaron muchas películas en el tintero, pero es lo malo que tiene un periódico de difusión nacional: no es el Cahiers du cinema, lamentablemente. Si queréis, cuando hayáis visto Gran Torino, a estrenar este viernes, hablamos de conservadurismo o ideologías. No es baladí la comparación en este sentido con John Ford, porque puede, tal vez, a lo mejor, que ambos sean los cineastas más importantes de la historia del cine americano. Puede, ¿por qué no? Saludos y gracias de nuevo

  6. 6 Anónimo
    Marzo 2, 2009 a las 6:54 pm

    Yo no sé si Ford es el mejor. Yo no sé si Walsh o Mann crearon el cine. Ni siquiera , si Eastwood es el mejor director americano vivo. Lo que si sé – con eso me basta es que sus películas me gustan. Recoge esa herencia de cuando el cine era cine y nada más; o mucho, depende del espectador, claro está. Por eso defiendo la libertad creadora y creo en la visión individual de Eastwood sobre América y la vida en general. Nadie sabe cuál es la intención secreta de un creador ante su obra. Si preguntasemos a cualquiera de los grandes genios sobre qué intentaban plasmar,posiblemente nos decepcionarían. Es eso concepto, casi mitológico de la creación artística , no el creador y su figura, lo que defiendo y me interesa. Un hombre que ha asistido a la vida de varias generaciones y ha resultado ileso ( no en vano recuerdo mis primeras películas junto a mí papá y lo mucho que disfrutabamos en común) merece ser elogiado por lo que hace y no lo que dice. No me interesa lo que opine , lo que coma o cuando y a donde se vaya de vacaciones, con qué mujer quiera compartir su vida o a que partido político vote. Lo que sí me interesa es su cine y como yo lo puedo sentir. Et tout le rest est literature

  7. 7 Max
    Marzo 2, 2009 a las 7:15 pm

    Anónimo, no estaría de más que se pusiera usted nombre, apodo o número, más que nada para saber a quien se responde. Gracias por su comentario y saludos.

  8. 8 Stalker ( anónimo)
    Marzo 2, 2009 a las 8:30 pm

    Buenas noches.

    En primer lugar perdón por alguna falta de ortografía que se coló en el mensaje anterior. no domino el chat e internet y claro. Pasa lo que pasa. Me identifico como una de mis películas favoritas. A las antípodas de las de Eastwood , pero igual de genial. Creo en la suma y no en la resta. Creo en lo que me gusta, no en lo que sea mejor o peor o bueno o malo. Reniego de las clasificaciones , las encuestas y las taxonomías. Pienso , humildemente , que todos tenemos derecho a eligir en aquello que queremos equivocarnos , aunque sea una simple película. Si en ese error, si viendo una “mala” película como las de Losey – personalmente no me gustan- alguien disfruta , esa será , indudablemente la mejor película de todos los tiempos.

    Saludos.

    PD. Todos mis comentarios son positivos, que nadie piense lo contrario. Muchas gracias.

  9. 9 Max
    Marzo 2, 2009 a las 8:55 pm

    Nada, Stalker, las faltas de ortografía se nos cuelan a todos, y si no, los gnomos de la red se encargan de ello.
    Estoy de acuerdo contigo sobre todo en “creo en lo que me gusta, no en lo que sea mejor o peor o bueno o malo”, de hecho he disfrutado mucho en películas clasificadas como “malas”, El Mariachi, por ejemplo, y lo contrario, sin poner ningún ejemplo. El cine, ver cine, también es un estado de ánimo.
    Un matiz, personalmente alguna vez me cuesta separar al autor, de cualquier creación, de su obra. Creo que las implicaciones emocionales a la hora de crear están presentes en la misma obra. Alguna vez, digo.
    Gracias, saludos y bienvenido.


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