“Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano

Fernando Martínez Heredia
La Jiribilla

Prólogo a la edición de “Las venas abiertas de América Latina”, Casa de las Américas. 2009

¿Son los textos de Eduardo Galeano fina ironía que ha perdido asidero en “la realidad”? ¿Ya no habrá espacio ni siquiera para “pequeños relatos”? ¿Se acaba también la época en que era normal que existiera el “gran escritor”? ¿Ya comenzó la era de los intelectuales como amanuenses, sirvientes que se ponen ellos mismos apodos compuestos o esdrújulos, para disimularse la vergüenza?

El tiempo en que Casa edita nuevamente Las venas abiertas de América Latina no es, a primera vista, un tiempo propicio. En nuestro continente se consumaron los genocidios, y después se ha consumido la democracia. El resultado es abrumador: el 42% de la población vive por debajo del índice de pobreza —la mitad son indigentes—, se desplomó la parte de los trabajadores en el ingreso nacional, el desempleo se multiplicó y se ha hecho crónico, mientras millones de niños trabajan. La cólera fue sustituida por el cólera. Los empresarios y políticos latinoamericanos más modernos han “abierto”, “ajustado” y desnacionalizado las economías, en su beneficio y el del capitalismo central al que se subordinan. Neoliberalismo, privatización, eficiencia, informalidad, atraer la inversión, globalización, son palabras claves. En macroeconomía todo es más solemne, pero igualmente desolador. La década pasada no fue perdida para todos: la transferencia neta al exterior sumó 223 000 millones de dólares. Hoy la región debe más de 700 000 millones, y en los años noventa los pagos por servicio de esa deuda suman 850 000 millones. El crecimiento del PIB en los noventa es menos malo que en los ochenta, pero sigue siendo inferior al de los años sesenta-setenta. La única promesa que ha logrado cumplir la democracia es la de celebrar elecciones periódicas.

Con estos párrafos comenzaba este prólogo en 1999, hace exactamente diez años. Situado otra vez ante él por la feliz iniciativa de la Casa de las Américas de volver a editar Las venas…, debo ponerlo al día respecto a la circunstancia, porque en ese lapso ha cambiado mucho nuestro continente.

La hegemonía referida cada vez más a lo que llamaban globalización resultó endeble frente al enorme crecimiento de la cultura política de los pueblos, que han utilizado las vías a su alcance contra aquella. Desde el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 hasta hoy se ha establecido un buen número de gobiernos más autónomos respecto a los EE.UU. y sensibles a las necesidades de las mayorías y al rescate de los recursos naturales; leyes y nuevas Constituciones refrendan sus caminos. La revolución bolivariana de Venezuela y los poderes populares de Bolivia y Ecuador crearon —con Cuba— un nuevo polo latinoamericano al que se suman unos, mediante el ALBA, y se asocian otros en relaciones económicas y políticas ventajosas y que fortalecen sus posiciones de independencia. Los movimientos populares combativos constituyen una fuerza social y política principal para la profundización de los procesos de liberación.

América Latina se levanta con iniciativas propias, sus países coordinan acciones y asociaciones, avanzan hacia procesos de integración y buscan alianzas en el mundo. Crece la autoconfianza y reina la esperanza. Mientras los ciegos vuelven a ver, otro milagro aclara las visiones políticas y trae conciencia a millones. Sin embargo, también reina todavía la miseria, que es hija del sistema capitalista subordinado, y la crisis amenaza aumentar el desempleo y frenar con rudeza el crecimiento. Dos siglos después del triunfo de la revolución haitiana y del Grito de Murillo, falta por recorrer un largo tramo del camino, pero el continente está en marcha.

La América que no es nuestra también se ha movido, pero para mal de todos. Allí las promesas farisaicas del milenio se tornaron en “lucha contra el terrorismo”, una operación dirigida a sustituir a la vez al viejo enemigo — el comunismo— y a la esperanza perdida de los neocolonizados —el desarrollo—, y sucedió el gobierno Bush, una pandilla de corruptos y criminales con un cretino en la proa. La recolonización del mundo, que parecía “pacífica”, mediante su dinero parasitario y sus transnacionales —los “coloniales” de hoy—, apeló en Irak y Afganistán al genocidio y la ocupación militar permanente de un país. El señor mundial de la guerra es también, y sobre todo, el jefe de la guerra cultural planetaria, una máquina gigantesca que vuelve este mundo patas arriba cotidianamente. Ella pone a todos a hablar su neolengua, enriquecida con términos como “limpieza étnica”, “comida étnica” y “capital humano”, que apellida “humanitario/a” a todo lo que se le ocurre, para balancear tanta inhumanidad. O deja de endiosar en público al neoliberalismo mientras el Estado se dedica a salvar a lo peor del gran capital que creó la gran crisis financiera reciente, a costa del empleo y la calidad de la vida de las mayorías.

Así resiste el imperialismo norteamericano el enorme repudio creciente a su actuación. La política interna de esta Roma americana sin grandeza incluye tener cincuenta millones de sus ciudadanos sin servicios de salud y casi la mitad de su población colindando con la pobreza. Ante tanto subdesarrollo político, el nuevo presidente de los EE.UU. parece simpático y alentador, aunque ofrezca tan pocas nueces. El presidente de Venezuela le brinda ayuda al regalarle un ejemplar de esta obra de Galeano, en medio de una dura reunión en la que se le hace clara la bancarrota del panamericanismo y los presidentes latinoamericanos le exigen poner fin a la agresión sistemática contra Cuba.

Eduardo Galeano ha mantenido su conducta y enarbolado sus valores en todas las circunstancias del último medio siglo. Sus artículos y viñetas, sus libros, dan testimonio de su excelencia como escritor, su compromiso permanente con los que sufren la violencia, el despojo y el olvido, y su confianza en la solidaridad como recurso humano principal para lograr un mundo nuevo para todos. Durante la época mezquina apodada neoliberal, nunca aceptó la necesidad de excluir los temas y las palabras considerados ya caducos e impertinentes. No se atuvo al sentido común, a lo posible, a las reglas y al miedo. Persistió en la denuncia y proclamó su fe en la gente y la utopía. La magia de la palabra y el ingenio han sido hasta hoy sus vehículos; el contenido de lo que dice y escribe constituye una riqueza grande para la gente común y las causas populares, que ayuda a la recuperación de la memoria, la identidad y el espíritu de resistencia y rebeldía, y al desarrollo de la conciencia.

En sus textos está entera esa cualidad. Con razón escribe en 1978: “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual. Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que el conocimiento es un privilegio de las élites.” Veinte años después, su idea de un plan escolar para un mundo al revés le permite desplegar una argumentación radical contra el conjunto del sistema de dominación y la cultura que él propone e impone, y no solamente contra algunos de sus aspectos. Una frase nos sugiere el dintel de lo esencial: “Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.” Y una afirmación suya relaciona esferas que el saber al servicio del orden mantiene lejanas: “La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado”.

Galeano no permanece anclado. Desde esa constatación vuelvo al libro que lo lanzó a la fama en 1971. Tres años después, al declinar una colaboración pedida, el escritor se describía: “Es un tema serio y no me lo puedo rifar. Aquí en Buenos Aires no tengo mis libros, ni mis fuentes de información y de consulta… Y sinceramente creo que hay gente mucho más capacitada que yo para dedicarse a temas que requieren, como este que me propones, largos años de reflexión y de investigación. A veces me asusta el equívoco. Yo no soy sociólogo, ni historiador, ni economista, ni nada. Mi trabajo como periodista y ensayista se ha limitado a la divulgación masiva de ideas ajenas y de datos que el sistema esconde al público no especializado. Al servicio de esta tarea, oficio militante de denuncia y contra-información, he puesto una cierta habilidad para narrar, aprendida en los fogones de Paysandú y en las mesas de los viejos cafés de Montevideo. Y eso es todo”.

Pero no, eso no es todo. A partir de las preguntas que lo guiaron en una profundísima investigación, y de la urdimbre de la estructura que le dio a la exposición, Galeano consiguió en Las venas abiertas… una proposición innovadora del trabajo de conocimiento social. Se situó en medio de la entonces incipiente democratización controlada de la información, que conduce a ninguna parte, para darle un sentido y un filo. Ante todo se advierte que el autor posee un instrumento analítico, que ha convocado al material en vez de ser arrastrado por su torrente, que lo selecciona y utiliza, y todo eso le permite enunciar juicios sobre problemas centrales de las estructuras latinoamericanas y de su inserción en el sistema mundial capitalista. Destaco ese punto, porque el lector del libro es seducido por la belleza y la omnipresencia de la narración histórica, la riqueza sintética de las anécdotas que ilustran épocas y acontecimientos, los datos esgrimidos en la tensión de las comparaciones, de los contrapuntos y las sugerencias interesantes, la apasionante sucesión de los eventos, por una obra en la que se cuenta lo más serio como si fuera una aventura. Aquí se habla “de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas”.

Cierto lo del estilo, y lo de la economía política. Y cierto también que Las venas abiertas… vio la luz en el ápice de una ola revolucionaria que conmovió al planeta y tuvo su centro en el Tercer Mundo. A diferencia de la iniciada en 1917, esta segunda gran ola del siglo se dirigió a todos desde las revoluciones de liberación de los que habían sido colonizados; su propuesta identificó la unidad íntima del sistema mundial opresor, exigió que se luchara a fondo y en todas partes contra él, y vio como única salida la creación de sociedades socialistas. En la América Latina confluían singularmente todos los elementos contradictorios de la modernidad occidental, materiales e ideales; allí era dominante el neocolonialismo, antiguo el nacionalismo revolucionario y presente el socialismo. Pero la nueva propuesta también criticó —para ser socialista estaba obligada a hacerlo— a lo que se llamaba entonces movimiento comunista y al socialismo real. Las rebeldías se extendieron y las ideas se rebelaron también. No bastaba pelear, era necesario formular un nuevo discurso para la liberación.

De todo eso da cuenta este libro, y no como un relator: fue un partícipe destacado de aquella lucha. A través de la historia social del continente y de las claves de la situación contemporánea, combinadas y sumamente documentadas, explica y denuncia el sistema de dominación capitalista mediante una narración “de carne y hueso”, con eficacia pedagógica. Socializa datos e ideas, pero afila a ambos como armas para crear conciencia contra la dominación. La imaginación desbordada no es prodigalidad: es una provocación para que el entusiasmo y la intuición desquicien los límites del conocimiento convencional, que siempre favorece al orden vigente. La convocatoria a las emociones es un llamado a que la razón rompa sus prisiones. Su análisis y su exposición lo asoman a un tema central para la liberación: conocer la construcción cultural del consenso con la dominación en la América Latina, para volverse capaz de romperla. Su dependentismo asequible y deslumbrante no es simple divulgación: apunta, con la ayuda del arte, hacia la necesidad de comprender la formación social como una totalidad, que es mucho más que una economía política o una búsqueda de esencias. Totalidad en que sucede su reproducción, donde se esconden sus fuerzas y debilidades, y las posibles claves de su subversión.

Y la forma es mucho más que una forma. Los que pugnan por un mundo nuevo frente a tan grandes enemigos, necesitan un nuevo lenguaje. Este no podía ser hallado en las Tablas de la Ley de un marxismo dogmático e indigesto que ni siquiera se hacía de la vista gorda ante la locura de cambiarlo todo; ni en el idioma seco y pobre de los cuadros, la ignorancia de la historia de las opresiones y las rebeldías, el cientificismo negado a la utopía y el autoritarismo perseguidor de iniciativas y de sueños. Las venas abiertas… se sumó a la corriente cultural de liberación abierta por la Revolución cubana y por la actividad múltiple de tantos latinoamericanos, dando el ejemplo de un libro de tesis que era a la vez una obra de arte. Su prosa cautivó a muchos miles que no tuvieron que ponerse solemnes para concientizarse, enseñó algo a todos y brindó optimismo a una legión de militantes que deseaban hermanar la belleza con la verdad. Sin hacer una sola concesión al mercantilismo, siempre visible el sentido rebelde de su denuncia, Las venas abiertas… logró ser un best seller a la vez que ayudaba a abrir espacios de libertad. Los dictadores del Sur también laurearon aquel libro, prohibiéndolo.

La obra no logra todo lo que se propone. ¿Quién lo logra? Eduardo sabía los límites sociales de su trabajo: la lucha por una cultura de liberación solo puede resolverse en el plano político, dirá a la prensa en Buenos Aires en aquellos días de fuego de 1973. Pero conoce también su alcance: “la literatura es un arma. Somos responsables del uso que hacemos de esa arma… Se puede hacer una literatura que nos ayude, a todos, a cambiar.”

En el exilio emprendió Galeano una obra que debía superar la reducción de la historia “a una sola dimensión”, que él percibía en Las venas abiertas… Su “tentativa de conversar con América, y sobre todo con América Latina, como si ella fuera persona” se convirtió en una empresa descomunal. De allí salió su otro clásico, la trilogía Memoria del fuego, de maravillosa desmesura. Su divisa fue “revelar sus múltiples dimensiones y penetrar sus secretos”. Siempre documentada, la narración encanta con prodigios y desnuda los huesos de los eventos, brinda mil pistas de otra historia a los historiadores y se mantiene férreamente unificada por la posición del autor, su apuesta por la lucha y la esperanza y su vocación de ser útil a los oprimidos, terca y tierna. Y todo eso a través de una lección de gran literatura.

Henos aquí, en la Cuba de 2009, con Las venas abiertas… y con Eduardo Galeano. Ambos han sobrevivido al ambiente de gesta de hace cuarenta años y a la época siguiente, de negación de las epopeyas, de la justicia social, de todo intento de cambio y hasta del pasado y el futuro. Y ahora se mueven ambos con soltura, joviales, en esta nueva situación propicia a la salvación del desastre, a los cambios de las personas y las sociedades, y al renacer de los sueños. Cuba también vivió una crisis muy dura, económica, social y de la conciencia, y ganó terreno aquí la cultura del capitalismo; pero unidos la gente y el poder lograron resistir el peor tiempo y salir adelante. Ahora el país pone en tensión extrema sus fuerzas y sus valores para resolver sus problemas y perfilar su estrategia, lograr que triunfe el socialismo dentro de la transición socialista, y al mismo tiempo cumplir con los deberes internacionalistas. Para esas tareas cuenta con la formidable acumulación cultural de un pueblo en revolución que se ha cambiado a sí mismo, y con la nueva época que comienza en Nuestra América.

Entiendo que es un gran acierto de Casa de las Américas reeditar Las venas abiertas… precisamente ahora. Un rasgo fundamental del trabajo intelectual comprometido es ir más allá del ámbito de la reproducción de las condiciones de existencia, es decir, de lo que parece posible, e inclusive incitar a su violentación. Es necesario brindar asideros intelectuales a los que deben pensar —porque es de vida o muerte que se piense—, y auspiciar la sabia intransigencia y la fecunda duda, que se tornarán creadoras. A todo eso contribuye hoy, sigue ayudando, Las venas abiertas…, con la ventaja de serle atractiva al que va a ejercitar la voluntad de leer, y de persuadir al lector, esto es, llamarlo a participar sin callarlo ni dominarlo, invitarlo a andar.

A Eduardo Galeano hay que agradecerle mucho esta eficiencia literaria de su obra militante. Comprendo al que una vez invocó al estilo nacional como disculpa con el viejo Quijano, por no haberle dado nunca las gracias: esa es otra de las similitudes entre uruguayos y cubanos. Entiendo aún más al que escribió: “Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.” Admiro la sencillez del que en una ocasión dijo de sí: “pinto escribiendo, por falta de talento para pintar pintando”, y la grandeza del que acaba de decir: “yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizá esa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe.” Y confieso que no estuvo mal aquello de verse a sí mismo una cara de cónsul sueco en Honduras. Pero no puedo evitar un suave orgullo al leer su prosa de ayer y de hoy, registrar la luz nueva que posee esta obra maestra escrita a los treinta años de edad, y la madurez que ha ganado el gran escritor.

Las venas abiertas … fue también un regalo suyo para los cubanos, como lo fue su Memoria del fuego, publicada por Casa en 1990. Bienvenido sea otra vez Eduardo Galeano aquí, en su casa grande, la de los cubanos, que es suya. La casa en la cual seguimos peleando por la justicia y la belleza repartidas, para todos, como hace él en su mundo, el mundo.

La Habana, agosto de 2009

Fuente: http://www.lajiribilla.co.cu/2012/n559_01/559_25.html

CENSORED

“Lección de francés”

El editor
Hace años, cuando entraba en La Coupole, Montparnasse, el maître me saludaba por mi nombre (de entonces): Monsieur Zàkovic. Sentado siempre en el mismo sitio, la espalda protegida contra la pared: se podía fumar. Tarama, carne o pescado, agua y café descafeinado. Estos días de enero ando recordando, maldita memoria selectiva, maldita memoria caótica, aquellos tiempos bélicos (resoluciones de la OTAN, Javier Solana, Sarajevo, manifiestos, turismo militar/moral de los intelectuales) y siento un leve escalofrío de muerte. El rumor del Mediterráneo, carreteras de madrugada y balnearios en invierno, reuniones, edificios derruidos, pueblos costeros. Ahora custodio, turno de noche, como saben, un importante negocio editorial. Tengo docenas libros a mi disposición, algunos buenos, y converso con las sombras rotas del estado de bienestar: putas, basureros, algunos clochards: mis relaciones. En Los ojos de la piel de Juhani Pallasmaa leo sobre la primacía de la vista, desde Descartes, como fuente de conocimiento: la ilusión óptica dominante y la mirada del poder. Como tengo tiempo, pienso. Es una de las ventajas (escasas) de mi actividad laboral. Una chica rubia, ojos tristes, Ekaterina, quiere prosperar en su oficio, me propone, tímida, que le de clases dé francés, quince euros la hora. Acepto, solidario. Compro un par de manuales y saco del baúl familiar unos folletos, años setenta, titulados «El francés es fácil». En los «Cuentos Completos» de Juan José Saer, marzo en El Aleph, qué formidable y desconocido autor, encuentro Historia, realidad, ficción, vida, pasiones, amistad: literatura política lírica, si existiera la expresión. Murió en 2005 y vivía en Francia: évidemment.

Qué hacer si te identifican por presenciar una “redada” racista. Comunicado del Grupo de trabajo de Migración y Convivencia de la Asamblea Popular de Lavapiés.

Rebelión

Qué hacer si te identifican por presenciar una “redada” racista

Los controles policiales discriminatorios basados en perfiles raciales o étnicos son una triste realidad que tenemos que sufrir de manera cotidiana. Estos controles ilegales e inmorales que la policía realiza contra la población migrante han sido denunciados tanto por organismos internacionales (por ejemplo la ONU o Amnistía Internacional) como por diversos colectivos dentro del estado que llevan años luchando contra estas injusticias. Incluso el Sindicato Unificado de Policía acaba de denunciar su existencia y la vergüenza que suponen tanto las redadas como las condiciones que sufren las personas que, tras ser detenidas por no tener papeles, son encarceladas en los Centros de Internamiento para Extranjeros. Sin embargo el Ministerio del Interior y la policía niegan una y otra vez que se produzcan estos controles, pues saben que no tienen ningún derecho a realizarlos. Dentro de su estrategia de ocultamiento y represión, una táctica cada vez más utilizada consiste en identificar (y muchas veces proponer para sanción) a las personas que se detienen a observar y/o documentar estos controles. Se trata de intimidarnos. Castigarnos por ver lo que no quieren que veamos, por estar donde no quieren que estemos, por no bajar la cabeza y convertirnos en cómplices de sus acciones como quieren que seamos. Cuando nos suceda algo así, podemos y debemos ir al juzgado y denunciar.

• ¿Por qué denunciar?

- Porque la policía actúa de manera ilegal e inmoral. No estás cometiendo ningún delito por pararte a observar una redada racista. Su intención al identificarte es claramente intimidatoria y se trata de un abuso de poder por su parte.

- Porque a raíz de estas identificaciones la policía te puede proponer para una sanción administrativa o una denuncia penal para que “la próxima vez te lo pienses”. Para denunciarte, la policía suele alterar o directamente inventar lo que ha pasado a su conveniencia. Tu denuncia, en el caso de que te llegue la multa o denuncia penal, deja por escrito una explicación de lo que ha pasado. De otro modo, al contar tu versión meses después, te puedes encontrar con la siguiente respuesta por parte del juez: “Si eso que cuenta es verdad, ¿por qué no lo denunció?”.

- Porque si todxs denunciamos, quizá en un futuro la policía empiece a pensar que no puede actuar con la impunidad a la que están acostumbradxs.

• ¿Qué consecuencias me puede acarrear la denuncia?

- Mucha gente que es identificada, maltratada o incluso agredida por la policía no lo denuncia. Generalmente por una sensación de que se van a meter en líos que es falsa.

- No estás haciendo nada malo. Estás denunciando algo que te ha pasado. Será el juez el que decida si lo que denuncias es subsumible en algún tipo de delito o falta. Generalmente se van a poner de parte de la policía y tu denuncia será sobreseída y archivada por entender que no hay infracción penal alguna. Pero estás en tu derecho a denunciar.

- Ni la desestimación ni que la denuncia sea aceptada supondrá ningún coste, ni tendrás que contratar abogado o procurador. Tampoco supone una inversión de tiempo mayor que ir a denunciar a los juzgados y, en caso de que haya un juicio, a testificar.

- El juez no te va a condenar a nada ni te hará pagar nada si falla en tu contra.

• ¿Cómo denunciar?

No es recomendable ir a la comisaría a poner la denuncia. Estás diciéndole a la policía que la vas a denunciar. Puede darse el caso de que entonces ellxs contradenuncien (te denuncien a ti) para cubrirse las espaldas. También puede ser que directamente no tramiten tu denuncia, como ya ha ocurrido en muchas ocasiones. Para evitar esto se debe ir directamente al juzgado (por ejemplo, en Madrid, a Plaza de Castilla).

Se trata simplemente de presentarte en la entrada del juzgado y decir que vas a poner una denuncia. Entonces te darán un formulario tipo donde pones tus datos y explicas lo sucedido.

Trata de explicar las cosas con sencillez y claridad. Sin inventarte nada, exagerar o entrar en términos legales o tecnicismos. Simplemente contar la verdad. No la fuerces porque estés enfadado o con ganas de vengarte por una situación injusta.

Cuantos más datos mejor: Es bueno haber conseguido el número de placa de quien te identifica, números de matrículas de coches patrulla, hora, fecha, lugar, cuántos policías hay…

Aunque no hace falta ponerlo en la denuncia, estaría bien si cuentas con testigos por si hubiera juicio.

• Otras acciones a considerar

A menudo nos llegan noticias de compañerxs en la situación antes descrita: Identificados, intimidados, amenazados y que encima tienen que hacer frente a multas totalmente injustas. Si no denunciamos, si nos callamos, estamos siguiendo el juego a aquellos que encierran a las personas por su procedencia y a sus políticas racistas. Nos convertimos en cómplices de los que quieren nuestro silencio de una forma u otra.

Es por esto que además de las denuncias en el juzgado, hay que darle la mayor publicidad posible. Hay que visibilizar estas prácticas para que dejen de actuar con la impunidad con la que actúan. Que sepan que no nos vamos a callar.

- Puedes poner una denuncia al defensor del pueblo:  https://www.defensordelpueblo.es/es/Queja/index.html 

- Puedes contarnos tu caso al Grupo de Trabajo de Migración y Convivencia de la Asamblea Popular de Lavapiés (infoincola@gmail.com) para que le demos difusión.

- Puedes tú mismo denunciar la situación a través de listas de correos, redes sociales, medios de contrainformación…

Grupo de trabajo de Migración y Convivencia de la Asamblea Popular de Lavapiés

Pedro Morenés, un ministro de Defensa de armas vender y gasto militar disparar

Estitxu Martínez de Guevara
Rebelión/Gasteizkoak

En las últimas semanas, a raíz del nombramiento del nuevo gobierno español, se han publicado sorprendentes datos en torno al nuevo ministro de Defensa, el “ministro vasco” del ejecutivo. Curiosamente ha sido omitida mucha información, así como algunas de sus “grandes hazañas”, que aún pagamos todas, y que seguiremos pagando durante décadas. Vayamos a ello.

Un currículo de “armas vender”

Este vizcaíno, de Getxo, procede de una de las grandes familias burguesas de Las Arenas (segundo hijo del Vizconde de Alerón y nieto de los condes del Asalto, grandes de España), es poseedor de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y, hasta hace poco, ha sido Presidente del elitista “Club Puerta de Hierro” madrileño y Secretario General del Círculo de Empresarios.

Por lo que respecta a su trayectoria en la Administración, de la mano de los gobiernos de Aznar, fue Secretario de Estado de Defensa entre 1996 y 2000 (siendo ministro Eduardo Serra), Secretario de Estado de Seguridad entre 2000 y 2002 (siendo ministros Jaime Mayor y Mariano Rajoy) y Secretario de Estado de Ciencia y Tecnología de 2002 a 2004 (siendo ministro Josep Piqué). A parte de todo ello (o gracias a ello) ahora llega a la titularidad del Ministerio de Defensa, eso sí, tras acumular en los años posteriores a sus cargos administrativos un extenso currículo por buena parte de las empresas que componen el mercadeo de la muerte que constituye la industria de armamento.

Así, desde mediados de 2005 y hasta hace pocos meses, ha sido consejero o representante de Instalaza, empresa fabricante de municiones y bombas especialmente deleznables como, por ejemplo, las llamadas “bombas racimo”, sobre las que en 2008 un tratado internacional suscrito por 107 países estableció la prohibición de uso, desarrollo y fabricación. Esto no debió gustarle a la empresa representada por Morenés, pues recientemente ha reclamado al gobierno español una “compensación de 40 millones de euros en concepto de daño emergente y lucro cesante” (Cinco Días, 09-05-2011) por dejar de producirlas. No podemos hacernos una idea, aunque nos lo podemos imaginar, de qué pensará, por ejemplo, la población civil libia que ha sido uno de los “objetivos” contra los que (según denunciaba el New York Times el pasado 15 de abril) se han utilizado las “bombas racimo” MAT-120 fabricadas por la empresa aragonesa defendida por el actual ministro de Defensa, y que exporta sus criminales producciones a más de 90 ejércitos.

No obstante, al actual ministro, sin duda un “hombre de armas tomar” (para luego venderlas, se supone), no le debía parecer suficiente este tipo de armamento, por lo que en los últimos meses se decidió a compatibilizar su cargo en Instalaza con el de Presidente ejecutivo de la empresa paneuropea de misiles MBDA. Esta empresa ha suministrado dos grandes contratos de misiles al gobierno español del que ahora forma parte Morenés; el primero, de casi 28 millones de euros, por la venta de misiles Mistral para los helicópteros de ataque “Tigre”; el segundo se trata de un contrato de más de 100 millones de euros para el suministro de misiles a los “Eurofighter” españoles. Este programa sigue actualmente en vigor, por lo que Morenés tendrá que abonar la cuenta a sus, hasta ahora, compañeros de empresa (o no; ahora entraremos en ello). De paso también se ven favorecidos unos antiguos vecinos de Morenés, ya que la vizcaína empresa SENER (ubicada en Las Arenas, qué casualidades) es responsable del diseño y producción del sistema de actuación y control del misil contratado por Defensa.

Pero no pensemos que esta casualidad es el único contacto de Morenés con los mercaderes de la muerte made in Euskadi, qué va. También ha formado parte del Consejo de Administración de SAPA, la empresa guipuzcoana de la familia del presidente de la Real, Jokin Aperribay, especializada en carros de combate, cañones y otro elementos de artillería, en cuyo consejo coincidía con otro de sus amigos del “Club Puerta de Hierro”, Enrique Falcó y Carrión, también miembro de la “nobleza” por ser Conde de Elda.

No acaban aquí las relaciones de Morenés con la industria de la muerte. Este ínclito personaje ha sido, hasta ahora, presidente de la empresa KuitVer Estudios SL, especializada en I+D+i, y que se define como “asesores tecnológicos que basan su acción en el conocimiento del sistema y de las personas que lo gestionan”; y si algo conoce Morenés a fondo y por dentro es el sistema y las personas que gestionan los recursos del Ministerio de Defensa y los de Interior. Algunos de los que hasta ahora eran los principales clientes de KuitVer, en concreto, los ligados al sector de “Seguridad y Defensa”, como INDRA, Instalaza, INTA, Amper, Ariex Complex… o las vascas SENER, SAPA-Placencia, ITP o Aernnova, es decir, “lo más granado” de la vergonzante industria militar vasca, estarán encantados de su nombramiento.

Por si fuera poco, en el caso de Morenés se demuestra que también en otros sectores han sabido valorar su conocimiento de los entresijos de los Ministerios de Interior y Defensa, por los que ha pasado. Buena prueba de ello es su recientísimo nombramiento como Presidente y Consejero de la empresa de seguridad privada, Segur Ibérica, la que, por cierto, ha recibido adjudicaciones de contratos en los últimos tres años (algunos aún en vigor) por valor de más de 4 millones de euros para la vigilancia y seguridad de diversas dependencias… del Ministerio de Defensa. También es la empresa de seguridad privada contratada para custodiar los atuneros vascos en el océano Índico.

El impulsor del tremendo derroche militar: una deuda de más de 30.000 millones de euros

El pasado 13 de agosto, El País publicaba que “Defensa renegocia 26.000 millones en armamento que no puede pagar”. La noticia hacía referencia a un mecanismo de financiación puesto en marcha a finales de los 90, que buscaba no contabilizar como gasto militar lo derrochado en los grandes programas de armamento. Consistía en que el Ministerio de Industria concedía a las empresas adjudicatarias de los grandes programas de armamento unos anticipos reintegrables sin intereses, con la finalidad de que las empresas fabricantes hicieran frente a las fases de desarrollo y al inicio de la producción; cuando Defensa recibiera el armamento debía realizar el pago a las empresas para que, entonces, estas devolvieran los anticipos a Industria.

Con ese mecanismo, como señala Constantino Méndez -hasta hace unos días Secretario de Estado de Defensa-, en un reciente informe sobre la situación financiera presupuestaria de los programas especiales de armamento que han generado esa deuda, “el proceso seguido se ha desarrollado de forma incoherente y poco planificada, sobre la base de un modelo obsesionado en las adquisiciones pero indiferente al impacto financiero de las mismas y a su sostenimiento posterior. Un modelo que creó una ilusión financiera totalmente alejada de la senda de gasto que los presupuestos de Defensa podían y pueden soportar, un modelo alejado de la disciplina propia del gasto público. Esa falta de disciplina es la causa central de los problemas analizados y está referida a un tiempo concreto: el periodo que va desde el año 1997 al año 2004 en el que se generan más del 80% de las obligaciones que han de ser atendidas en el presente y futuro”.

Pues bien, cabría preguntarse quién ha sido el responsable directo de lo que el Secretario de Estado de Defensa cesante califica tan duramente, y parecería lógico responderse que no es otro que el Secretario de Estado de Defensa que lo puso en marcha, en 1997, esto es, Pedro Morenés Eulate, el actual Ministro de Defensa. Él fue quien impulsó los principales programas de armamento (Avión de Combate Europeo Eurofighter; Carro de Combate Leopard y las Fragatas F-100) cuyo coste supone hoy más de la mitad de la deuda acumulada por Defensa. Y para completar el rizo, de 2002 a 2004 siguió aprobando nuevas partidas para las empresas de armamento a través del sistema por él impulsado, solo que en esta ocasión desde su cargo de Secretario de Estado de Ciencia y Tecnología, que sustituía al Ministerio de Industria.

Pero, claro, cuando Morenés presentaba en el Congreso ese “mecanismo de financiación” para ponerse en marcha en los presupuestos de 1997, lo hacía como si fuera a ser la panacea: “(…) ha arbitrado mecanismos para la financiación, por vía del Ministerio de Industria, de proyectos de armamento y material, que sin duda redundarán en beneficio de la condición industrial de España en este área y en otras afines. En el ejercicio de 1997 este mecanismo financiero del Ministerio de Industria incluirá créditos por valor de 35.000 millones de pesetas (…) Este acuerdo entre Defensa y Industria permitirá a la primera iniciar inmediatamente programas que, de otra manera, deberían posponerse con incidencias desde el punto de vista de la operativa militar (…) En las actuales circunstancias de austeridad presupuestaria, el Ministerio de Defensa debe ser capaz de arbitrar soluciones a los problemas de modernización de las Fuerzas Armadas en paralelo y como parte fundamental del proceso de profesionalización. En ese entorno es a lo que se debe la participación del Ministerio de Industria (…)”.

Estas apreciaciones de Morenés chocan de frente con lo declarado por el citado Constantino Méndez en una comisión parlamentaria el 6 de octubre de 2010, cuando afirmó que “No deberíamos haber adquirido sistemas [de armas] que no vamos a usar, para escenarios de confrontación que no existen y con un dinero que no teníamos entonces ni ahora”.

Y sin embargo, la auténtica carrera armamentística impulsada por Morenés no terminó ahí. También fue él quien puso en marcha el mecanismo por el cual el Ministerio de Defensa podía dedicar el importe de su particular desamortización a la adquisición de más armamento (vendiendo terrenos que, en su día, expropió a ayuntamientos y poblaciones, a los que deberían haber revertido). Así, en la presentación de los presupuestos para 1997 afirmaba que “En cuanto a la Gerencia de Infraestructura, deseo manifestarles que es firme voluntad del Ministerio y del Gobierno darle una agilización a sus procedimientos que permita una mejor gestión del patrimonio inmobiliario de la Defensa. En ese sentido se ha introducido en la ley de acompañamiento al presupuesto una disposición mediante la cual se permitirá destinar fondos provenientes de la gestión inmobiliaria de la Gerencia de Infraestructura no solamente a infraestructura, sino también a modernización del armamento y material de los Ejércitos”. Esta nueva operación de financiación de la carrera armamentística se calcula que ha supuesto, en estos años, más de 3.000 millones de euros adicionales para nuevas compras de armamento.

Con todo el dineral que, gracias a las gestiones de Morenés, hemos visto derrochado en gasto militar para la adquisición de nuevo armamento, aun a costa de vaciar las arcas públicas, ¡cómo no iba a encontrar a numerosas empresas de armamento dispuestas a incluirle en sus Consejos de Administración al terminar sus cargos públicos!

Concluyendo

El nombramiento del vasco Pedro Morenés como ministro de Defensa español deja claras una serie de graves cuestiones. En primer lugar, la podredumbre de un sistema que permite que un alto cargo del Estado, responsable, en buena medida, de una serie de tropelías que han supuesto esquilmar las arcas del Estado impulsando una absurda y obscena carrera armamentística con partidas multimillonarias entregadas a empresas de armamento, pase a formar parte de los Consejos de Administración de empresas de este sector una vez finalizan sus competencias como cargo público. Y no solo eso: que sea posible un “camino de vuelta” para que, ahora como máximo responsable del Ministerio de Defensa pueda conceder nuevas partidas millonarias a esas empresas del sector entre las que se encuentran aquellas que le han tenido en sus Consejos de Administración.

Y mucho más grave aún: ¿cómo se puede entender -más allá de la demostración evidente de que se ríen de la población, en nuestra cara- que se pueda “premiar” con el nombramiento como ministro del ramo a uno de los principales responsables de un colosal despilfarro en gasto militar que ha generado una deuda de más de 30.000 millones de euros, el doble de lo que, según el gobierno español, se ha de recortar en gastos -principalmente sociales- para “hacer frente al déficit público”? No tenemos respuesta para esto, pero lo que sí sabemos es que una de las principales causas de la “crisis económica” con la que intentan someter y rebajar todos nuestros derechos sociales y laborales es el obsceno gasto militar y la criminal carrera de armamentos que este financia. Sin duda, si acaban de nombrar ministro a uno de sus impulsores, podemos temernos lo peor para los próximos cuatro años.

Mientras cientos de miles de personas en el Estado español (y miles de millones en el mundo) sufren diariamente las consecuencias de haber sido empobrecidas y esquilmadas por el sistema, el poder político muestra el verdadero rostro de sus entrañas. En casos como el analizado con Pedro Morenés, premiando con el Ministerio de Defensa a un distinguido impulsor y colega de los mercaderes de la muerte, corresponsable del gasto militar que ha esquilmado las arcas públicas en los últimos años. Será porque ese sistema necesita del monopolio de la violencia para mantenerse que le ofrecen las fuerzas militares y policiales, tanto como estas deben su existencia a los mercaderes de la muerte que les suministran las armas.

Quizá llegue el día en que las poblaciones seamos conscientes de ello y actuemos en consecuencia. Solo así se les acabará el chollo a personajes como Pedro Morenés y a quienes le nombran. Por el bien de todas, hagamos que sea pronto.

Estitxu Martínez de Guevara, en nombre del Colectivo Gasteizkoak

Periodista Digital entrevista a Pascual Serrano (26 diciembre 2011)

“Favor laboris”

El editor
Anne More murió el 15 de agosto de 1617. Desde ese día, la irónica y sensual poesía de John Donne se volvió oscura, íntima, reservada. Se casaron en secreto, 1601, sin el consentimiento del padre de la novia: el poeta acabó en la cárcel. Pienso en el siglo barroco, con sus dudas e incertidumbres, y en la época que nos ha tocado vivir. Se podría establecer un breviario de similitudes empezando por el desconcierto social y político. Salgo a la calle: reina el fetichismo de la mercancía (incluidos nuestros intercambios emocionales) y las contenidas celebraciones. Nada, nos dicen, como una buena ración —el plato lleno de grasa— de frágil felicidad (placer inmediato, consumo) para alejar los malos pensamientos. Eso, e ir a la peluquería. Destrozado el mundo del trabajo, precarizados hasta el esqueleto, roto el pacto capital-trabajo (heredero, sin duda, de la victoria de Stalingrado), el viejo principio, favor laboris, se ha convertido en un resto arqueológico. Anclados en la exaltación de la subjetividad, la trascendencia del ego, decía Sartre siguiendo a Heidegger, ya no distinguimos realidad y ficción. Hasta los géneros literarios (tampoco importa) han sucumbido ante la lógica cultural del capitalismo. Sujeto una ventana con La muerte de Virgilio (discreto homenaje a Vázquez Montalbán), enciendo un cigarrillo y lavo las cortinas. En el buzón encuentro una felicitación navideña de una tienda de electrodomésticos y la factura de la luz. Compro canelones congelados, ensalada de plástico, café descafeinado y liofilizado, tabaco para resistir un asedio y varios periódicos. En el supermercado —lo llamaban hilo musical— suena un allegro de Vivaldi. Cosas de la vida cotidiana.